César Sebastián nos habla de una España que se quiere olvidar sin tener en cuenta el contexto

Bueno, esta es una ocasión muy especial por varios motivos, el primero es que es mi primera reseña escrita como tal, aunque como comprobaréis, va a parecer como si no lo fuese, pues este es un tebeo con el que he conectado tanto como si lo leyese de siempre, el otro motivo. Tal y como comentamos en la entrevista, es la primera obra de César, pero podría ser la última, perfectamente, y me explico.
Ronson muestra un gran abanico de soluciones narrativas y gráficas tan medidas y a la vez tan potentes de un autor con un gran conocimiento del medio, fruto de su experiencia en otras obras y sobre todo la ilustración. No le hace falta alardes innecesarios, todo lo que muestra va en función de lo que quiere contar. Algo poco común en autores con primera obra.

“La maleza crece con vigor y sin aparente esfuerzo, vampirizando los frutos obtenidos con sacrificio durante todo un año. Un fenómeno semejante al que ocurre con algunas personas.”
Ronson
Un autor y editorial con ganas
Autsaider lleva apostando por material alternativo y diferente desde sus inicios. Al principio tenía una línea más macarra, pero últimamente lleva apostando por una línea más elegante dentro del underground más clásico, muestra de ello es “Primavera para Madrid”, ganador del Premio Nacional de Comic de 2021, algo nada inaudito si lo habéis leído. Por eso tampoco sorprende demasiado que la editorial mallorquina sea la que edite Ronson pues, honestamente, no se me ocurre ninguna otra editorial que haga una edición a la altura de esta obra, tal y como nos tiene siempre acostumbrados. La edición merece un apartado aparte del que comentaré más en profundidad al finalizar.
César Sebastián, tal y como he apuntado antes, es un autor relativamente nuevo pero no ajeno al mundo del tebeo. Formó parte del colectivo Inefable junto a Adrián Bago y Víctor Puchalski entre otros. Se ha curtido en el mundo del fanzine, la mejor tabla de entrenamiento, y en el mundo de la ilustración y diseño, por ejemplo para El Nadir.

Cuéntame más, papá
Al leerlo por primera vez, tenía la sensación de quedarme a las rodillas de un familiar mayor que contaba historias tan fascinantes que no querías parar de escuchar, tal y como me pasa con este tebeo tan absorbente.
No hay nada más extraordinario como las pequeñas historias que conforman fragmentos de la vida misma. Hay parte biográfico, según las memorias de su padre, pero realmente tampoco es que importe demasiado averiguar la verdad en ellas. Historias aparentemente anodinas que esconden una humanidad y pureza que me hace pensar en Ingmar Bergman, por ejemplo. Algo que convierte a este relato en una historia universal. Se sabe dónde está el relato, por lo que cuenta el propio autor, pero realmente podría ser tu pueblo mismo, eso es algo que hace que conectes instantáneamente pese a no vivir exactamente lo mismo.
Con todo esto, puede parecer que tiene cabida en el neorrealismo, concretamente el italiano, pero también tiene mucho del romanticismo más clásico, por la lírica de los diálogos y la poesía del dibujo.
En un principio, parece un trabajo puramente documental, que nos advierte de juzgar la historia por su contexto y de que no es un relato con el que haya que empatizar con los personajes. Algo puramente objetivo, a priori ¿No? Pues entra en juego otro factor importante, el de la memoria, y como muchos de esos recuerdos que tomamos como válidos muchas veces, son fruto de nuestras experiencias contaminantes. Algo que está muy presente durante cada capítulo.
La memoria, algo de lo que dependemos y muchas veces conformamos nuestras vidas, pero que Ronson ya nos dice que no es muy fiable. Pues de pequeño algo que nos parecía de una forma de adulto nos hace poner en duda lo recordado.
La infancia como un momento de descubrimiento y de exploración de la naturaleza en la que nos hace volvernos crueles sin saberlo. El despertar sexual, involuntario. Descubrimientos duros que, siendo adultos, llegas a comprender. Estos son solo alguno de los temas que trata a lo largo de toda la obra. Ahora quiero profundizar en otros 2 que considero complementarios a la propia memoria interesada en sí misma.

Veo la luz, Señor
Y como no se puede hablar de la infancia sin hablar de la familia, César nos hace rememorar esa cultura casi extinta en la que los pequeños aprendían de los mayores y había más vida comunitaria, conformándose en todo el pueblo una pequeña gran familia.
Se puede apreciar, además, teniendo en cuenta los años en los que se sitúa el relato, en pleno franquismo, que tiene presencia la religión, como es habitual.
Pero también es apreciable la espiritualidad que respira esta narración. Quizás al estar contado desde el punto de vista de un niño, pues impregna a Ronson de una pureza involuntaria, lo cual evoca de alguna forma a una figura religiosa cuasi divina. También ayuda a que sea un cuento puramente humanista que no juzga a los personajes, solo muestra, no al completo, lo que ocurre.
Ojo, hablo de una conexión divina que nada tiene que ver con la religión, es algo mucho más auténtico y profundo. El niño como figura pura e inocente que curiosea y aprende en función de las circunstancias y participa en ellas sin preocupaciones sociales.
Es algo que no es fácil de entender y mucho menos de crear obras en torno a este concepto, pero que es de agradecer este tipo de propuestas que además tratan otros temas.
Por todos los temas que trata y mucho más hace de Ronson un tebeo obligatorio y necesario del que estoy seguro de que le aguarda un recorrido plagado de grandes alegrías tanto para César como para Autsaider.

Saquemos el viejo álbum familiar
Quiero dedicar un apartado a la edición que ha logrado Autsaider. Una edición espectacular, que nos recuerda a esos viejos álbumes familiares de una historia que no vas a querer dejar de escuchar.
Siempre que saca un tebeo nuevo lo convierte, casi al instante, en libro-objeto sin hacerlo inalcanzable. Buenas ediciones con precios ajustados. Cuidan al máximo todos los aspectos, desde la maquetación hasta la rotulación, algo que hace que un tebeo funcione acorde a lo que se quiere contar.
Para empezar, tanto la portada como la contra, están serigrafiados a 2 tintas sobre un cartón rígido y un lomo de tela. El título solo aparece en el lomo, para dar esa sensación de álbum y poder disfrutar del dibujo único de César.
El canto está troquelado emulando las fotografías antiguas familiares, que aparecen como ejemplo al inicio de los capítulos. Es como si se pudiese arrancar las hojas para guardarlas junto a tus recuerdos.
Está impreso en bitono con un pantone que no es dorado, pero que se aleja del tono sepia habitual en este tipo de relatos. Tiene también una doble intención, pues juega con la falsa nostalgia de los buenos recuerdos que han sido forjados convenientemente según unas necesidades individuales egoístas. Aparte de una función estética que le da lirismo al relato.
En definitiva, y para ir concluyendo, es un comic que no hay que perderse, ya que si todo va bien, César nos sorprenderá con una segunda parte de una posible trilogía, visto la merecida repercusión de esta obra.
EDICIÓN
Publica Autsaider Comics en formato cartoné bitono con tapas de cartón serigrafiados. 17 x 24 cm. 128 pags. 20 euros.
[…] dentro de las viñetas, con un manejo de las perspectivas y planos, absoluto. Mención aparte el color, con tintas mayormente ocres, predominando el marrón y el gris, que da ambiente a las situaciones […]
[…] traer al blog obras que considero que merecen la pena, así como publicaciones independientes con las que he disfrutado y poder […]
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[…] obra no solo es un viaje introspectivo en la vida de Calcare, sino también un retrato fiel de una juventud en crisis, que lucha por encontrar su lugar en un entorno […]